Ahora que es de noche y el verano comienza a crepitar sobre su ciudad como una hoguera; ahora que en la hora de las horas, ella duerme. Duerme como siempre, hermosa y perfumada.
Palabras y palabras; palabras ajenas y palabras nuestras, a cuyo amparo, en tantas noches como ésta, tratamos vanamente de encontrarnos. Pero por encima de las todas palabras, de todas las verdades y las mentiras, ella duerme.
Ella duerme, se ha ido, estoy solo.
No hay luna ni viento.
Ella duerme.
En la penumbra, su cuerpo es como una florque crece y se expande. Y es precisamente esa dimensión insospechada, la que quisiera guardar en mi puño para siempre.
Quisiera hablaros de un sueño. De mi deseo de plantarme allí con ella, indefinidamente. Así, adorándola. Adorando su entrega. Adorando su confianza. Adorando sus caderas indestructibles.
Sé que es por la visión de su cuerpo que en cualquier momento volverán a arderme los ojos con el fuego de un ansia feroz.Ese fuego que busqué toda mi vida.
Ahora que me oprime todo el silencio del mundo sin ella..., ¿quién habría de darme la medida de las cosas sino su muda presencia?
Quisiera hablaros de estos meses, este ir y venir, este buscarla sabiendo que siempre volveré a perderla.
Pero ahora ella duerme.
Líneas sin fin parten de su piel, resbalan por su cuello, tiemblan en su cadera. Sobre el filo de la medianoche, atrapado en esa imagen, me estremezco.
¿Velar ese sueño es todo lo que me queda por hacer?
Dedicado (bajo el peso del silencio al que sucumbo).
Besos en perspectiva
Extracto de lecturas variadas y salteadas de Antonio Dal Masetto

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